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LA BUENA SUEGRA
Recopilado por: Elizabeth F. de Ostrosky
02/06/2011

La tierna amistad entre Ruth y Noemí, tan inusual entre suegra y nuera, ha sido celebrada en poesía, en prosa y en bellas artes por todo el mundo. La escena entre Noemí y sus nueras en la despedida fue muy entrañable. Tan pronto como Noemí decidió volver a su propio país, sus nueras le ayudaron a hacer los preparativos necesarios. Ruth hizo lo propio en secreto, pues había decidido ir con Noemí a la tierra de Judá. Cuando llegó el día señalado, partieron montadas en tres asnos grises. Pocas millas después Noemí propuso descansar al lado del camino y despedirse y tras agradecerles todo el amor y la amabilidad que habían demostrado hacia ella, les instó a que no fuesen más lejos, sino que volvieran a su casa en la tierra de la abundancia. Les dijo con franqueza que no tenía lujos domésticos que ofrecer, que la vida con ella sólo sería para ambas una vida de pobreza y privación en una tierra extraña y que no quería que sacrificaran todas las alegrías de su juventud por su causa. Tristes y solas por la pérdida de sus maridos, partir con Noemí parecía intensificar su aflicción. Unidas por un dolor común, las tres mujeres permanecieron en silencio mirándose unas a otras. Sus palabras causaron una profunda impresión en Orpá. Ella dudaba y al final decidió seguir el consejo de Noemí; pero no sucedió así con Ruth. Noemí ejercía sobre ella una peculiar atracción magnética, un atractivo más fuerte que el de la sangre, la patria o la comodidad. Sus expresiones de inquebrantable amistad al tomar su decisión fueron tan tiernas y sinceras que se han convertido en palabras familiares. Ella dijo: “No insistas en que te abandone; porque donde quiera que tú vayas, yo iré, y dondequiera que te hospedes, yo me hospedaré; tu pueblo será mi pueblo y tu D’os mi D’os; donde tú mueras, yo moriré, y allí también yo seré enterrada”. Noemí y Ruth vivieron juntas en Belén hasta que Ruth contrajo matrimonio con un pariente rico de Noemí. Entonces Ruth tuvo un hijo. Noemí quiso al niño y lo tomó a su cuidado. Ruth dijo: “El amor de Noemí significa más para mí que el de siete hijos”. Noemí formó parte de la casa de Ruth hasta el día de su muerte y compartió todos sus lujos y felicidad.

 

Esta armonía, esta relación entre suegra y nuera, parece atípica y extraña. Analicemos las dos figuras bíblicas: Ambas eran viudas, no había ningún hijo, ningún marido, por el que sentir rivalidad. Su relación es de amorosa amistad, Ruth prefiere seguir a Noemí, a pesar de las incomodidades y pobreza que ésta le anuncia, antes que volver con su propia familia, lo cual no tiene nada de raro si recordamos que el sistema era patriarcal y que no eran bien recibidas las mujeres que volvían a su familia de origen. Por otra parte, Noemí no tenía ningún hijo más. Despojadas ambas de posibles parientes que interfieran en sus relaciones, pudo florecer entre suegra y nuera una tierna y permanente amistad.

 

El caso de Ruth y Noemí no es único, desaparecida la rivalidad de las mujeres por un hombre, se produce un acercamiento, una mayor proximidad entre ellas, que puede dar paso a la admiración mutua y a la amistad.

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