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Sucot
Rabino Bradley Shavit Artson
12/10/2011

Después de dos días de Rosh Hashaná y un día de ayuno en Yom Kipur, creeríamos que los judíos estamos exhaustos. ¡Ya! ¡Suficiente judaísmo!

 

Sin embargo, en ése preciso momento, el calendario judaico presenta una deslumbrante serie de festividades: Sucot, Hoshana Rabá, Sh’mini Atzeret y Simját Torá. Por más de una semana seguimos celebrando una fiesta tras otra, cada una con su set de rituales, canciones y costumbres.

 

De todas las festividades, ninguna tiene tantas mitzvot y costumbres asociadas con ella que Sucot, la fiesta de los tabernáculos. Construimos cabañas especiales (Sucá), llevamos los cuatro tipos de plantas (lulav-Hojas de palma, etrog-limón, aravá-sauce y hadas-mirto) y hacemos nuestras comidas en la Sucá. Algunos hasta duermen en su Sucá.

 

Exhaustos por los días santos que apenas pasaron, y viviendo en una cultura que desconfía del ritual en primer lugar, ¿qué puede significar esta frenética actividad para nosotros?

 

Los comentaristas tradicionales han explicado el lulav y el etrog de distintas formas:

De acuerdo al Midrash Va-Yikra Rabbá, el etrog, hadas y arava simbolizan los tres patriarcas: Abraham, Isaac y Yaacob. El lulav solo simboliza a D’os. Sosteniendo los otros tres junto al lulav, actuamos con la esperanza de que las obras sagradas de nuestros antepasados, las lecciones aprendidas a lo largo de nuestra larga historia, nos sean muy útiles ante D’os. Por lo tanto, el lulav y etrog demuestran nuestro vínculo con la historia judía a lo largo del tiempo.

 

De acuerdo con Pesikta De-Rav Kahana, cada una de las plantas simboliza un tipo diferente de judío: el que aprende de la Torá y es rico en buenas acciones, el que aprende pero no realiza buenas obras, el que es ignorante pero muy activo en demostrar amor y benevolencia, y el que es ignorante y no realiza actos bondadosos. Al unir las cuatro plantas, rezamos que D’os también considere a todos los judíos como una sola unidad, cada uno responsable por el otro, cada judío compensando las carencias del otro. Por lo tanto, lulav y etrog demuestran nuestra unidad como pueblo y celebra nuestra diversidad como individuos y como corrientes religiosas bajo el marco del judaísmo.

 

Finalmente, la compilación medieval del Kad ha-Kemah afirma que cada una de las cuatro especies corresponde a un órgano humano distinto: el corazón, la columna vertebral, los ojos y los labios. Al igual que todos estos órganos puede llevar a una persona al error y al dolor, también pueden llegar a ser el medio para la superación personal y para elevar a otros. Así, el lulav y etrog demuestran nuestra determinación de utilizar el cuerpo para ayudar a los demás y a nosotros mismos, servir a D’os, y hacer el mundo más sagrado.

 

Cada una de estas explicaciones van de abajo hacia arriba, tratando de dilucidar los detalles de una celebración ya establecida. Tal vez otro enfoque sería desde la otra dirección, para explicar la imagen total y no preocuparse por los detalles. Así, por ejemplo, en el Midrash Va Yikra Rabbah, Rabí Avin compara el lulav y el etrog al cetro otorgado a un combatiente victorioso. Después de retornar masivamente a nuestras sinagogas en Rosh Hashaná, después de pasar diez días de arrepentimiento considerando quiénes somos y qué queremos ser, después de ayunar y orar en Yom Kipur, todo el pueblo judío emerge vigorizado, enriquecido y motivado.

 

Esta transformación es de hecho una victoria. ¡Lleven su lulav y etrog con alegría!

¡Shabat shalom y Jag Sameaj!

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