loading...
Parasha
Parashá
LETRA
Tamaño:AAAAA
E-MAIL
Envia por correo
VOTACIÓN
loading...
IMPRESION
Versión para impresión
Shavuot
Rabino Leonel Levy
18/05/2012

En este Shabat voy a comenzar con un famoso relato popular que a mi entender, resume el espíritu de Shavuot.

 

Había una vez un matrimonio muy pobre. Ella hilaba a la puerta de su casa, con su larga y negra cabellera. Él iba todos los días al mercado a vender algunas frutas. Iba sujetando entre los dientes su pipa vacía. El dinero no alcanzaba para abastecerse de tabaco.

 

Se acercaba el día de su aniversario de bodas y ella no cesaba de preguntarse qué podría regalarle a su marido. De pronto, una idea cruzó su mente y sintió un escalofrío. Pero al decidirse su cuerpo se estremeció de gozo. Vendería su cabello para comprarle tabaco. Ya imaginaba a su hombre sentado en la plaza del mercado ante sus frutas, dando largas bocanadas a su pipa.

 

Sólo obtuvo por su cabello unas cuantas monedas, pero suficientes para poder elegir con amoroso cuidado el más fino de los estuches de tabaco. El perfume de las hojas arrugadas compensaba ampliamente el sacrificio de su pelo.

 

Al llegar la tarde, regresó su marido a la choza. Venía cantando feliz por el camino. Traía en sus manos un pequeño envoltorio: eran unos peines de nácar que había comprado para su esposa con el dinero obtenido al vender su vieja pipa. Al verse, quedaron desconcertados…

 

Y se cuenta que luego, abrazados, rieron juntos hasta el amanecer.

 

La Cabalá, la mística judía, considera la Revelación en Sinaí como la unión entre D’os (el novio) y la comunidad de Israel (la novia). Como resultado de esta unión es concebida la Torá. Para que la concepción sea efectiva, es menester que la unión se produzca cuando Israel está receptiva a la semilla divina.

 

Esta es la razón por la que había que esperar siete semanas desde la Salida de Egipto en Pésaj, hasta recibir la Torá en Shavuot.

 

Esto se puede explicar con el relato jasídico que cuenta que le preguntaron los alumnos a Rabí Shalom Dovber: -Si las enseñanzas del Baal Shem Tov son tan importantes, ¿Por qué no fueron reveladas al pueblo judío mucho antes de la aparición del Baal Shem Tov?-

 

-Esto se asemeja a los dientes del ser humano-, respondió el Rebe. -Si estos son tan necesarios al hombre, ¿por qué no son creados de inmediato con su nacimiento? Es que antes de que le sean necesarios al hombre, estos no crecen. Lo mismo es válido para las enseñanzas del Baal Shem Tov. Sólo fueron reveladas cuando el mundo las precisaba.

 

Probablemente esto pueda decirse de los Diez Mandamientos y de la Torá. Sólo fueron revelados cuando los hijos de Israel ya podían hacer uso de ellos. Por eso la razón de la espera, de la necesidad del paso de las semanas. La espera, el trabajo silencio y constante en el espíritu es una gran tarea educativa que nos enseña la Torá.

 

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: “¡Crece, Crece!”… Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de solo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!

 

¿Tardó solo seis semanas en crecer? No. La verdad es que tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

 

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años. Esto es lo que buscamos cuando enseñamos Torá a nuestros hijos, no resultados inmediatos sino la adquisición de virtudes morales y de un compromiso con nuestra Tradición que habrá de crecer con el paso de los años. Esa es la razón por la cual Rabí Menajem Mendel de Kotzk enseño: Si verdaderamente deseas que tus hijos estudien Torá, estúdiala tú en su presencia. Ellos seguirán tu ejemplo. De lo contrario, ellos no estudiarán Torá sino que simplemente instruirán a sus hijos a que lo hagan.

 

Shavuot también puede leerse, en hebreo Shavuot, promesas. Shavuot es la fiesta de los pactos, de los compromisos, de las promesas. Comprometerse significa plena entrega y aceptación. Se nos relata en la Torá que cuando el pueblo de Israel escuchó los Diez Mandamientos respondió al unísono “Naase Venishmá”, “Haremos y escucharemos”.

 

Abraham J. Heschel escribió: “La revelación no acaece cuando D’os está solo. Los dos términos clásicos para el momento de Sinaí son Matán Torá y Kabalat Torá, la entrega y la aceptación de la Torá. Fue tanto un suceso en la vida de D’os como un suceso en la vida del hombre. Según la leyenda rabínica, D’os ofreció la Torá a todas las tribus y naciones antes de entregarla a Israel…D’os se hallaba solo en el mundo hasta que Israel se comprometió con Él. En Sinaí D’os reveló su palabra e Israel reveló el poder de responder. Sin ese poder de respuesta, Sinaí hubiese sido imposible”.

 

Con la Torá sucede algo parecido. Al leerla y releerla siempre podemos encontrar algo más, algo nuevo, algo que, pese a haber estado todo el tiempo allí, no habíamos logrado ver antes.

 

Abraham Joshua Heschel decía que cuando rezamos, nosotros le hablamos a D’os; mas, cuando estudiamos (Torá), D’os nos habla a nosotros. Que sea su voluntad que seamos capaces de escucharlo en voz alta al leer de su Torá en esta fiesta de Shavuot, haciendo de su Torá, la guía para nuestras vidas.

 

¡Shabat Shalom veJag Sameaj!

loading...
Buscar:
spacer 175 x 1
Comunidad Betel de México - Todos los Derechos Reservados - Aviso de Privacidad
Powered by Olvaid!