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En busca del “jametz”, en nuestro interior: liberarse del ego, buscar la humildad.
Rabino Leonel Levy
30/03/2012

Se cuenta que un anciano rabino cayó enfermo y sus discípulos fueron a visitarle. Sentados en derredor de su cama, los discípulos comenzaron a ensalzar las incomparables virtudes del anciano. Uno de ellos dijo:

-Excepto el rey Salomón, no ha existido nadie más sabio que nuestro maestro.

 

Otro dijo: -Su fe sólo es comparable a la de nuestro patriarca Abraham.

 

-Y su paciencia sólo es comparable a la de Job-, acotó un tercero.

 

Cuando los discípulos se hubieron marchado, la esposa del rabino intentó saber por qué su marido se veía tan contrariado.

-¿Acaso no te ha hecho feliz oír los elogios de tus discípulos?- preguntó la mujer al maestro.

 

El rabino repuso: -¿Y acaso tú no te has dado cuenta de que ninguno de ellos, ninguno, ha mencionado mi humildad?” (?!)

 

De esto se trata Pésaj, de la humildad… Me gustaría en estos días en que nos preparamos para recibir a esta hermosa festividad que tengamos a la humildad presente, como una de las más bellas virtudes a las que debemos aspirar.

 

Ustedes se preguntarán cuál es la relación entre Pésaj y humildad. A continuación la exploraremos.

 

Lo cierto es que Pésaj representa mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucha limpieza, muchos preparativos para que en la casa se viva una real atmósfera festiva. Y esto es porque la Torá prohíbe comer y aún poseer jametz, comidas leudadas, en nuestros hogares. Es por tal motivo que en los días previos a Pésaj debemos buscar el jametz, y eliminarlo. Hacer bedikat jametz y biur jametz.

 

Todos sabemos que la matzá simboliza el pan que nuestros antepasados hornearon apresuradamente, en medio de frenéticos preparativos para salir de la casa de la servidumbre. Sin embargo en esta noche quiero presentarles otro significado del jametz y la matzá.

 

Especialmente los místicos judíos basados en el significado hebreo de la palabra jametz, “hinchado”, señalan que en vísperas de Pésaj debemos buscar cuidadosamente aquellos aspectos de nuestro ser que están “hinchados“, como el jametz. Es decir, el orgullo, la arrogancia, el ego, es lo que debemos eliminar de nuestra personalidad para ser “chatitos”, humildes, simples y llanos como la matzá.

 

Creo que ésta es una importante lección de Pésaj. Una fiesta que nos enseña que sólo se puede arribar a la libertad verdadera a través de la humildad, de la eliminación del ego.

 

Todos sabemos decir palabras encantadoras sobre nuestras personalidades, cuán buenos somos, cuán amables y generosos o cuanto sabemos. Pero Pésaj nos recuerda que es necesario recuperar el valor de la genuina humildad. Esa virtud que señalan nuestros maestros y nuestras fuentes y que cotidianamente olvidamos.

 

La humildad, no es pensar que no somos valiosos, ni queridos. Es la profunda alegría de sabernos criaturas de D’os, al igual que todos los que nos rodean. Y es ése “al igual que todos los que nos rodean” lo que da lugar a la humildad, transformando el orgullo en un sentimiento de eterna gratitud. No se trata de sentirse inferior, sino simplemente no sentirse superior a otros. No somos lo mejor que ocurrió en la humanidad, ni el hombre o la mujer más increíble de la historia.

 

Ser humildes y simples como la matzá es lo que se nos pide en Pésaj para disponernos sencillamente al servicio del prójimo, ayudarlo, escucharlo y satisfacer sus necesidades.

 

Shabat Shalom veJag Sameaj

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