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El sentido de Lag Baomer
Rabino Leonel Levy
11/05/2012

Esta semana hemos celebrado Lag Baomer por lo que quiero compartir con ustedes un relato.

 

Cuenta el Talmúd, que alrededor del año 130, cuando los romanos dominaban Israel, se decretaron una serie de edictos que prohibían a los judíos cuidar el Shabat, celebrar las festividades y observar las costumbres de nuestro Pueblo. Por si esto fuera poco, el emperador romano, estableció que la persona que fuera encontrada estudiando o enseñando Torá, sería duramente castigada con la pena de muerte. Por tal motivo, Rabí Shimón Bar Iojai, uno de los hombres más sabios de esa época, decidió tomar a su hijo y escaparse. Después de recorrer muchos lugares, se escondieron en una cueva y nadie supo qué había sido de ellos. Cuenta la leyenda que sucedió un milagro... En el interior de la cueva crecieron árboles frutales y brotó un manantial, así que nunca les faltó agua y comida. Así pasaron doce años, durante todos los días estudiaban Torá y rezaban.

 

Cuando los doce años llegaron a su fin, se apareció el profeta Elíahu y a la entrada de la cueva, exclamó: -¡Rabí Shimón Bar Iojai, el emperador ha muerto y su decreto ha sido anulado!

 

Al oír estas palabras salieron de la cueva, mas al ver a la gente arando y sembrando los campos, exclamaron: -¡Esta gente reniega de la vida eterna y se entrega a la vida temporal!-

 

Algo extraño sucedía, todo lo que Rabí Simón y su hijo, miraban era inmediatamente destruido y consumido por el fuego de sus ojos. Entonces una voz desde el cielo exclamó: -¿Habéis salido para destruir Mi mundo? ¡Volved a vuestra cueva!-

 

Así volvieron y permanecieron en ella otros doce meses. Cuando los doce meses hubieron transcurrido se oyó la voz desde el cielo que decía: -¡Salid de la caverna!- Ellos salieron y Rabí Simón exclamó: -Hijo mío, aunque quedáramos nosotros dos solos en el mundo, para estudiar la Torá, eso sería suficiente...-

 

Cuando abandonaron la cueva era víspera del Shabat. Al salir, vieron a un anciano que llevaba en sus manos velas, vino y jalot para Shabat, y sólo en aquel instante hallaron sus corazones tranquilidad espiritual. Con el paso del tiempo Rabí Simón llegó a ser uno de los sabios más reconocidos del Pueblo de Israel. Según los estudiosos de la Cabalá, durante los años de encierro en la cueva Rabí Simón escribió el “Zohar”, el libro más importante de la mística judía, en el que se revelan significados ocultos y misterios de la Torá.

 

Rabí Simón pidió a sus discípulos, antes de dejar este mundo, que el día de su muerte sea recordado con mucha alegría. Rabí Simón murió en “Lag Baomer”, el día 33 en la cuenta del Omer, y hasta el día de hoy, su “yortrzait” es celebrado con fogatas y con juegos al aire libre.

No fue la fuerza de la desesperación, ni la persecución, ni las circunstancias históricas, lo que engendró en Rabí Shimon el desprecio por el mundo material. Rabí Simón representa un extremo, ya que para él sólo existía el cielo y nada más. El estudio de la Torá y el rezo. La vida dedicada al misterio, a lo oculto, a lo eterno. Él no podía soportar que la gente se ocupara de cosas terrenales, de trabajar la tierra, de divertirse y de traer el pan a la mesa. Por eso su simple mirada destruía el mundo.

Sin embargo un contemporáneo, algo más anciano que Rabí Shimon, el distinguido Elisha ben Abuia, adoptó una actitud totalmente opuesta. Elisha era un hombre fascinado por la cultura griega y romana, solía visitar las “yeshivot”, tratando de desviar a los alumnos del estudio de la Torá e incitándolos a dedicar sus energías a alguna ocupación más productiva. La renuncia de Rabí Shimon a este mundo y el apasionamiento de Elisha por este mundo, representan dos extremos que encontraron poco apoyo entre sus contemporáneos.

Queridos amigos: Nos enseñaron nuestros sabios, que la vida se asemeja a dos caminos: uno de fuego y otro de hielo. Si vas por el primero te quemarás y si vas por el segundo te helarás. Entonces, ¿qué podemos hacer?... Caminar por el medio.

 

Yo creo sinceramente, que el judaísmo que nosotros proclamamos y sostenemos en nuestra comunidad es “el camino medio”. Por un lado estamos comprometidos con la Torá, con las mitzvot y la Halajá y por el otro lado, no estamos dispuestos a renunciar a la modernidad, a la ciencia, a la vida intelectual.

 

Caminar por "el camino del medio significa”: Poder tomar la Torá en una mano y el periódico en la otra. Poder practicar nuestra particularidad judía, sin olvidar nuestra universalidad. Dedicarnos al espíritu sin despreciar, la estética de nuestro cuerpo. Cuidar las festividades, el Shabat, Kashrut, y tefilá, sin caer en la superstición y la magia. Estar preocupados por Israel, sin olvidarnos nuestro compromiso con nuestra sociedad.

 

Equilibrio e integridad es lo que se nos pide, y es lo que debemos exigirnos. Andar por el camino de nuestra Tradición, como equilibristas de la vida, sin caernos para un lado o para el otro, es nuestro desafío.

 

¡Shabat Shalom!

 

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